Después de tantos años viviendo en sociedad, he llegado a la conclusión que de las cosas más importantes y básicas en esta vida… y en todas las que ustedes quieran vivir… dependen únicamente de la educación (¡Oh, gracias bendita Calíope por tu inspiración). Por ello, he creado este blog.

Pero si de aportar soluciones se trata, no esperen milagros, que todo en esta vida requiere esfuerzo. Este blog me servirá de agenda, recordatorio y reflejo de lo que puede valer la pena trasmitir y comunicar. También, no nos engañemos, poder desparramar a mi aire, que para eso soy el autor.

Quizá se hayan fijado en el título: Piratas y corsarios en la educación. Si les gusta un poquito la historia o son un mínimo de curiosos, ya sabrán la diferencia entre unos y otros. ¿Quiénes son aquellos que, a costa de la educación, se lucran y roban pensando en sus intereses? ¿Quiénes son aquellos que lo hacen incluso dentro del mismo sistema educativo? ¿Quiénes son aquellos que manipulan el sistema en contra de todo sentido común? Algunos se hacen llamar profesores, otros directores, otros políticos y los peores, la misma sociedad (nosotros)... por permitirles todo esto.






jueves, 11 de agosto de 2016

Hábitos de lectura, asignatura pendiente

Leer nos enseña a hablar y a pensar bien. Cuando enseñamos a un niño a leer le estamos proporcionando el instrumento de aprendizaje más potente que ha creado la humanidad a lo largo de toda su historia. Leyendo aumentamos nuestra competencia lingüística, que a su vez va a mejorar el pensamiento, la convivencia, los proyectos, la eficacia académica o laboral.

Durante la infancia, el vínculo entre los niños y la lectura goza de una excelente salud. Sin embargo, al llegar a la adolescencia la relación pasa por una fuerte crisis. El libro ha sido, es y será el transmisor cultural por excelencia, aunque muchos pensadores le hayan vaticinado una rápida desaparición a partir de la llegada de Internet. Basta recordar que en la década de los años 50 se auguró que la televisión destronaría a la radio y hoy asistimos a una equilibrada convivencia de ambos medios.
En la actualidad, es frecuente que padres y maestros se quejen de que los adolescentes no leen o, mejor dicho, que se limitan a tomar contacto visual con el libro sólo por obligación; leen nada más que las páginas indicadas por el profesor para un examen.
El Centro de Investigación Sociológica (CIS) ha hecho público un barómetro en el que se detiene a analizar los hábitos de lectura de los españoles. Las preguntas, realizadas en diciembre de 2014, invitan más a la prudencia que a cualquier otra sensación extrema: el 35% de los encuestados no lee nunca o casi nunca, pero un 29,3 lee todos o casi todos los días, y un 65% dedica alguna vez al trimestre un rato a la lectura.
El informe del CIS sobre nuestras costumbres lectoras concuerda con un informe difundido por la Federación de Gremios de Editores hace casi dos años, Hábitos de lectura y compra de libros, que establecía en el 63% el índice de lectura —siete puntos por debajo de la media europea— y subrayaba que las mujeres leen más que los hombres. Las preguntas se han realizado a ciudadanos españoles, tanto hombres como mujeres, de dieciocho años o más. Es interesante una de las preguntas, relativa a los hábitos lectores en la infancia o adolescencia. El 37,5% de los encuestados confiesan que sus padres nunca les leían cuentos o libros, aunque en el colegio o en el instituto sus profesores les obligaban a leer (48,5%), y no solo eso: ¡les animaban a leer (42,1%)! Pese a esto, los lectores —o no— españoles nunca hablaban de libros con sus amigos (32,9%).
 
Los primeros hábitos de aprendizaje se siembran en el hogar y, si los niños y jóvenes no ven leer a sus padres, no pueden imitar este ejemplo. También, es necesario poner límites a la cantidad de horas de televisión, chat o navegación por la red que consume el adolescente. ¿De qué manera se puede estimular a los adolescentes a encontrar placer en la lectura?

 
Teniendo en cuenta los gustos y las opiniones de los adolescentes. Nos puede parecer que el que no lean “La Regenta” es una laguna inaceptable en su formación, pero no estamos hablando sobre sus estudios, sino sobre los enormes beneficios que tiene que los adolescentes tengan como hábito la lectura en su tiempo libre. Muchos padres intentan imponer el hábito de la lectura a sus hijos a la fuerza. Es sabido que basta con imponerle algo a un adolescente para que realice exactamente lo contrario.
 
“La lectura de los clásicos son difíciles, y esos jóvenes carecen de una familiaridad con la lectura como para que puedan valorarlas. La formación de nuestra personalidad necesita de la lectura, por lo que no es un capricho” (José Antonio Marina)
 
Leer es un entrenamiento intelectual muy útil para desarrollar otras competencias: leyendo nos comprendemos mejor a nosotros y a los demás (competencia social y ciudadana), mejoramos nuestra creatividad (competencia de aprender a aprender) y se nos ocurren nuevas ideas (competencia de autonomía e iniciativa personal).
 
Por ello, debemos fomentar en ellos tres creencias básicas
 
- La lectura de ciertos libros te ayudará a comprenderte y a tomar decisiones importantes
- La lectura te ayudará a desarrollar una personalidad inteligente y brillante
- La lectura te dará criterios para liberarte del borreguismo cultural y político
 
El proyecto ADORE (Teaching Struggling Adolescent Readers), que se desarrolló durante dos años, desde noviembre del año 2006 hasta noviembre de 2008, es uno de los trabajos más esclarecedores. El proyecto pretendía determinar si existían argumentos en algunos países europeos que pudieran explicar las dificultades que los adolescentes encuentran a la hora no tanto de aprender a leer como de desarrollar una competencia lectora de un nivel superior y mantenerla y aplicarla.
Según este estudio, existen ocho grandes problemas comunes antes los que se enfrentan los adolescentes con problemas de lectura:
 
Competencia lectora: excepto en los países nórdicos, la competencia lectora sigue entendiéndose como una habilidad que se adquiere de una vez para siempre en la educación primaria y que, luego, no sufre cambio o mejora alguno.
 
Los adolescentes con dificultades lectoras: en la mayoría de los países suele contemplarse a estos adolescentes, simplemente, como no lectores que no han llegado a adquirir las competencias suficientes.
 
El conocimiento de los profesores sobre la enseñanza de la lectura: los resultados de la investigación demuestran que muy pocos profesores tienen instrumentos para analizar los problemas de lectura y para emprender una mejora.
 
Ideas tras la instrucción: en muchos países la enseñanza todavía está asentada en el “saber sobre algo o de algo” en lugar del “saber para” y el “saber cómo”, facilitando de esta manera el camino de las dificultades lectoras.
 
Materiales de lectura y currículo: los materiales que los profesores suelen utilizar para la promoción de la lectura suelen ser arcaicos y apartados del interés de los adolescentes.
 
Transferencia de los resultados de las investigaciones: en muy pocos países existe una clara conexión y una transferencia sistemática entre el conocimiento científico y la práctica educativa.
 
Recursos financieros y legales: la conexión entre las disponibilidades financieras de las escuelas y la calidad de la enseñanza, si bien no es automática, si es sustancial; más aún, como sucede en los países nórdicos, el derecho jurídicamente exigible de apoyo individual y mejora continua a los estudiantes.
 
Valores y sistemas educativos: existen diferencias muy notables entre los sistemas educativos europeos. Pueden dividirse en dos: los que están orientados al apoyo y los que están orientados hacia la consecución. En los primeros, los alumnos con problemas lectores encuentran la posibilidad de mejorar y, en general, los niveles de lectura alcanzados por todos los alumnos son mejores. Es el caso, por ejemplo, del caso Finlandés.
 
Es importante mantener a los chicos leyendo durante toda su adolescencia en casa y en la escuela. Algunas sugerencias útiles:
 
Asegúrese que en casa haya bastantes materiales adecuados para que su hijo lea. Reserve el tiempo necesario para leer en familia. Algunas familias disfrutan de la lectura en voz alta, turnándose para escoger libros, poesías o artículos favoritos que quieran compartir.
 
Aliente a su hijo para que use la biblioteca. Lleve a su hijo a la biblioteca local y ayúdele a obtener su propia credencial de lector.
 
Dé un buen ejemplo con la lectura. Que su hijo le vea leyendo por placer. Cuando su hijo ve que la lectura es importante para usted, puede ser que vea que la lectura es importante para él también.
 
Investigue con los maestros cómo alientan o enseñan la lectura en clase. Dígales que usted valora la lectura y que apoya las tareas que piden que su hijo lea en casa. Pida listas de libros que su hijo pueda leer independientemente.
 
Busque ayuda si su hijo tiene problemas de lectura. Cuando un jovencito tiene problemas con la lectura, es probable que la razón sea sencilla de identificar y la intervención sea fácil. Por ejemplo, es probable que el alumno tenga problemas de visión y necesite gafas o es probable que sólo necesite un poco más de apoyo con sus destrezas de lectura. Algunas de las causas de los problemas de lectura indican problemas mayores como los problemas de aprendizaje. Si usted sospecha que su hijo tiene algún problema físico o de aprendizaje, es importante que busque la ayuda de los expertos.

¡Ahora es el momento!

Lejos de las batallas de deberes y dejando los contenidos académicos a un lado hay aprendizajes  de nuestros hijos que son esenciales y que suelen quedarse desplazados por no ser urgentes. El verano nos brinda una oportunidad única para valorarlos y ponernos manos a la obra con ellos.
 
 
La etapa de los hijos comprendida entre los 8 y los 10 años suele ser una época dulce para los padres que ven cómo muchos de los hábitos y aprendizajes básicos van dando sus frutos sin todavía verse inmersos de lleno en la preadolescencia. Es una época en la que los niños empiezan a ir solos. Sin embargo, es una etapa muy importante a otros niveles a los que no solemos dar tanta importancia como la autonomía, la toma de decisiones, la resolución eficaz de problemas…Cuando estas áreas se trabajan antes de llegar a la adolescencia, permite a los chicos enfrentarse a ella de otra manera: sintiéndose más capaces, siendo capaces de enfrentarse a diferentes problemas y con unas capacidades asertivas que les permitirán desarrollar su personalidad de forma más independiente.
Por eso si tu hijo tiene entre 8 y 10 años, ahora es el momento de:
Empezar a dejarles que hagan pequeños desplazamientos solos: Ir a por el pan, caminar hasta casa de un amigo o coger el autobús para ir a casa de la abuela. Son pequeños pasos que permiten al niño experimentar de forma progresiva con su autonomía y también resolver pequeños problemas que les vayan surgiendo.
Plantearle diferentes sucesos conflictivos en los que pueda verse y cómo solucionarlos: ¿Crees que tu hijo sabría qué hacer si un día no apareces a recogerle en el colegio? ¿A quién pediría ayuda? ¿y si te desmayaras estando a solas con él? ¿Sabría cómo actuar? Saber que cuentan con herramientas para enfrentarse a diferentes situaciones les hace sentirse más seguros y responsables.
 
Usar herramientas para hacer sus propios proyectos. El trabajo manual supone un gran placer para el ser humano y le otorga un orgullo y sensación de competencia difícil de igual en otras áreas. Cuando les dejamos usar herramientas (previa enseñanza y bajo nuestra supervisión) los niños se sienten mayores y también aumenta la sensación de confianza en ellos. ¿Imaginas su cara después de hacer un pequeño armario para sus muñecas o un teatro para sus títeres?
Dormir en el exterior: ya sea en acampada al raso o dentro de una tienda de campaña dormir en el exterior es una experiencia única para los niños. Les permite reencontrarse con la naturaleza, enfrentarse a sus propios miedos y disfrutar de la noche de otra manera. No hay mejor forma se ser consciente de lo pequeños que somos que bajo la inmensidad de un cielo estrellado.
Cocinar una comida completa para los otros: Cocinar es una actividad increíble para los niños. Necesitan planificar, organizarse, preparar la comida, recoger, solucionar los pequeños problemas que vayan apareciendo…Además cuando se prepara una comida para los otros estamos centrándonos por un lado en la propia actividad de cocinar y al mismo tiempo en lograr algo que satisfaga a los otros. Cuando se cocina para otros lo importante no es tu gusto sino el proporcionar ese gusto a los demás. Es el trabajo centrado en el otro en vez de en uno mismo.
 
Leer un libro en común y debatirlo: hay muchos libros que pueden leer a partir de los 8 años y que pueden compartir con nosotros. La lectura en paralelo y un debate posterior sobre el libro le da una nueva dimensión a la lectura que sin duda será un aliciente para ellos. El ver que pueden leer y disfrutar libros que también leen y disfrutan sus padres da sentido al esfuerzo que muchas veces supone para ellos la lectura.

miércoles, 10 de agosto de 2016

El día que Whiston Churchill traicionó a los cosacos y los entregó a una muerte segura

Ya sé, ya sé… algunos lo primero que os preguntareis es que tiene que ver esto con la educación, pues la respuesta es clara, la misma relación que poner a un colegio público español el nombre de Winston Churchill, colegio que se tiró bastantes años sin ser bilingüe y no sé qué cojones tiene que ver este hombre con la educación española, como si no tuvieramos personajes ilustres en nuestra historia, como para recurrir a este elemento. Por eso, como la mayor parte de vosotros no sabe nada sobre dicho hombre, que daba ejemplo bebiendose TODOS los días una botella de whisky, os informo sobre las virtudes de dicho estadista, por que eso hay que reconocerlo, fue un GRAN estadista como lo fue Lenin, Stalin, Hitler y tantos otros.

Pues ahí os dejo un relato de como su conciencia influyó en la vida de mucha gente.

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Los cosacos fueron un pueblo establecido en las estepas del sur de los actuales territorios de Rusia y Ucrania. Expertos jinetes, diestros en el manejo de las armas y de carácter indómito, durante el régimen zarista las once comunidades cosacas integradas en el Imperio ruso firmaron un acuerdo con el zar por el que, a cambio de su lealtad, recibieron un estatus especial y gozaron de cierta autonomía. Con la caída del zar, durante la Revolución rusa de 1917, los cosacos permanecieron ajenos a las disputas por llegar al poder, pero al final les obligaron a tomar partido. Al haber formado parte de la guardia del zar, para los bolcheviques y el Ejército Rojo habían sido el brazo ejecutor de la opresión zarista. Así que, se vieron obligados a tomar partido por los mencheviques y lucharon junto al Ejército Blanco, aunque no por convencimiento sino por aquello de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Con el triunfo de los bolcheviques, muchos cosacos tuvieron que huir estableciéndose en varios países de Europa Oriental… los que se quedaron sufrieron la represión durante 10 años.

A comienzos de los años treinta, la represión sobre los cosacos rusos había terminado e incluso habían llegado a recuperar alguno de sus privilegios. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial se iba a producir la paradoja de que había cosacos luchando en el Ejército Rojo y en la Wehrmacht. Muchos de los cosacos que luchaban en el Ejército Rojo lo hacían con el convencimiento de que la Unión Soviética era la heredera del Imperio ruso, pero también los había que lo hicieron por obligación. Sabiendo del pasado zarista de los cosacos, Stalin no permitió que se crease un regimiento de cosacos y fueron repartidos por distintas unidades.


En el otro lado, y siguiendo con el dicho de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Goebbels supo ganarse a los cosacos que habían huido de los bolcheviques ofreciéndoles luchar contra los que les habían expulsado de sus tierras y, sobre todo, un estado libre cosaco –Kazakia– tras derrotar a Stalin. De esta forma, se constituyó el Escuadrón de Caballería cosaca adscrito al 40º Cuerpo Panzer, bajo la dirección del capitán cosaco Zagorodnyy. Además, a este escuadrón se unieron muchos cosacos hechos prisioneros por los alemanes a los que Stalin habían obligado a luchar en las filas del Ejército Rojo.



Cuando terminó la guerra en el frente europeo y sabiendo del odio de Stalin, los prisioneros cosacos que habían luchado junto a los alemanes trataron de quedar bajo la custodia de los aliados occidentales, pero en la Conferencia de Yalta (1945) Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Joseph Stalin sellaron su suerte. Stalin consiguió de Churchill y Roosevelt un acuerdo para repatriar a todos los ciudadanos soviéticos prisioneros de los alemanes y Stalin, a cambio, repatriaría a los prisioneros de guerra aliados que el Ejército Rojo había liberado de los campos nazis. Aunque inicialmente no se incluyeron en el acuerdo los cosacos emigrados durante la Revolución rusa, Stalin lo exigió más tarde para encerrarlos en los gulags o ejecutarlos por traición a la patria.

Un caso especialmente sangrante y cruel se produjo en Lienz (Austria), donde el ejército británico tenía bajo custodia unos 2.500 cosacos entre oficiales y soldados. El 28 de mayo de 1945, los británicos comunicaron a sus líderes que estaban invitados a una importante conferencia junto a oficiales ingleses en una localidad cercana y que estarían pronto de regreso. Ante la desconfianza de los cosacos, un oficial británico juró por su honor que no mentían. Esa misma noche, fueron transportados a la vecina Tristachdonde les esperaba el Ejército Rojo.

"Los rusos nos mataban a porrazos, los británicos lo hicieron con su palabra de honor."
 
 
Es difícil cuantificar la cifra exacta de cosacos entregados a Stalin, pero algunas fuentes hablan de “50.000 cosacos, entre ellos 11.000 mujeres, niños y ancianos”. Los cosacos que lograron huir se repartieron por Europa y mantuvieron su identidad en secreto hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991.

La neofobia en la alimentación se combate en niños probando hasta quince veces el alimento

La neofobia no se refiere a mostrar repugnancia por un sabor en particular, sino al miedo activo a probarlo, a prejuzgarlo. Es un comportamiento que suele darse en niños, y también en algunos adultos.
En el caso de los niños, la neofobia puede superarse simplemente dándole de comer el alimento en numerosas ocasiones, a menudo pueden ser necesaria quince veces o más, hasta que el niño advierte que el sabor no es tan malo, y que incluso está bueno.
El mayor escollo que presenta esta forma de combatir la neofobia es que, en primera instancia, el alimento debe ser probado, a pesar de la renuencia inicial, tal y como explica Bee Wilson en su libro El primer bocado:
Exponer a un niño al brócoli muchas veces es más fácil de decir que de hacer. Tal como sabe cualquier padre o madre que haya intentado darle de comer a un niño reacio, las estrategias bienintencionadas a menudo son contraproducentes. Decir "cómete la verdura y después te daré un caramelo" tiene su riesgo porque hace que el niño todavía le coja más manía a la verdura. Los psicólogos lo llaman efecto de sobrejustificación. Cuando por hacer algo se nos da un premio, la actividad en cuestión se valora menos. Al niño le acaban gustando más los caramelos porque se han convertido en un premio.
La mayoría de niños superan la peor fase del miedo a los alimentos nuevos a los seis o siete años. Hasta esa edad, se considera una fase normal del desarrollo infantil.
La directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, Silvia Álava Sordo, advierte que es responsabilidad de los padres conocer las pautas y desarrollar los recursos para que los niños aprendan a comer de todo y a llevar una dieta equilibrada. En este sentido, explica que los hijos, a partir de los dos años, empiezan a ser conscientes de su propia identidad y a manifestar su voluntad. Y muchas veces, asegura Álava, "su respuesta favorita es el 'no'; porque quieren poner a prueba al adulto y verse como seres independientes que tienen una opinión propia. Sin embargo, pese a su apariencia, todavía son muy dependientes de sus padres y controlan poco sus impulsos".
Entonces, ¿hasta qué punto debería un padre ceder ante estos reclamos? Como dice la experta, "es comprensible que dentro de un grupo alimentario haya un alimento que no les guste, como una fruta o una verdura en concreto. Pero no por ello hay que aceptar que el niño no quiera comer fruta de manera generalizada, ya que estaríamos perdiendo todos los aportes y nutrientes de este alimento". De hecho, hay que tener especial cuidado con la fruta, la verdura y el pescado, ya que suelen ser los platos que más cuesta introducir en la dieta de los niños.
 
 

Si, por el contrario, se les permite evitar determinados alimentos, lo más seguro, insiste la experta, es que su dieta sea cada vez más restringida y pobre en nutrientes, afectando negativamente a su salud. "Son los padres los que deben enseñarles a comer de manera sana y equilibrada, creando hábitos que les acompañarán durante toda su vida", añade. Por eso, Álava propone seguir cinco pasos a la hora de introducir alimentos nuevos a los hijos para evitar la neofobia alimentaria.
  1. Los primeros que tienen que comer de todo son los padres. Si un niño no ve a sus padres comer de todo, probablemente él tampoco lo hará. "Los niños copian a sus adultos de referencia, que son sus padres, por eso éstos deben ser modelo y ejemplo de conducta a seguir a todos los niveles. Los primeros que tienen que llevar una correcta alimentación y sentar las bases de una dieta sana y saludable serán los padres", afirma la experta.
  2. Presenta los nuevos alimentos de uno en uno. Es más sencillo introducir un pequeño cambio en un plato que no uno completamente nuevo. Como dice Álava, no se puede pretender cambiar la situación de la noche a la mañana.
  3. Los alimentos nuevos, mejor en pequeñas cantidades. De esta manera, se evita que el niño se agobie pensando que no será capaz de enfrentarse a ese plato. Después, con el tiempo, se pueden ir aumentado las cantidades.
  4. Es importante que el niño participe en el proceso. Sobre esto, la experta aconseja que padres e hijos vayan juntos a la compra para que los pequeños ayuden y se involucren a la hora de hacer la comida.
  5. Cambiar la comida no es la solución. Comer de todo es una costumbre que se aprende desde la infancia, y permitir que el niño elija el menú de cada día no se puede mantener en el tiempo.
Y por último, Álava recomienda tener paciencia y mantener la calma, ya que muchas veces estas reacciones son provocadas por el intento de los niños de llamar la atención: "Se trata de incentivar a los hijos cuando tienen la conducta adecuada. Es mejor que la atención la reciban cuando comen y no cuando no lo hacen".
 

martes, 8 de marzo de 2016

¿Qué hacer para que tus hijos cooperen?

A veces, no es fácil que en una casa con niños reine la paz y la tranquilidad en todo momento. Cualquier pretexto (recoger la habitación, bañarse y ponerse el pijama, acabar los deberes del cole…) puede servir de argumento teatral para que nuestros hijos representen una obra llena de drama, contiendas,  despechos y venganzas. Claro está que estoy exagerando un poco aunque seguro que algunos nos encerraríamos en el baño antes de esperar el desenlace final. Es más, estamos tan cansados y hartos que ni siquiera queremos saber cómo termina la historia.  Sin embargo, estamos aquí para educar (aunque no sea tarea fácil, ya lo sabemos), para aprovechar estos conflictos cotidianos y dar ¨la vuelta a la tortilla¨ transformándolos en oportunidades de aprendizaje para nuestros hijos y para nosotros mismos.
Como decía, no es fácil, incluso el detalle más PEQUEÑO consigue sacarnos de nuestras casillas. Soy consciente de que lo que os voy a contar no tiene importancia, pero precisamente por eso hace que pierda tan fácilmente los nervios. Se convierte en algo personal. Llevo más de un año, sí, más de un año, intentando que mi hijo adolescente cierre las puertas de su armario tras coger la ropa que necesita. “¿Tanto cuesta cerrar el armario?” Me digo a mí misma. Lo he probado todo. Vaya, lo normal. Lo he acusado y culpabilizado: “Grrrrr ¡Otra vez, como siempre, las puertas del armario abiertas! ¡Qué desastre!”.  He usado calificativos de los que no me siento orgullosa.  Le he amenazado. Le he lanzado órdenes. Otras veces le he sermoneado hasta parecer una plasta.  Le he advertido: “Lo sabes, se llenará la ropa de polvo y ya sabes que tienes alergia, luego no me vengas lloriqueando y moqueando”. He utilizado comentarios de mártir: “¡No me lo merezco!”. Lo he comparado con su primo: “¡Es tan ordenado!”. Hasta he probado con el sarcasmo. Y no sigo. Esta batalla de resistencia la está ganando él. ¿Creéis que he conseguido que cierre las puertas del armario?
Por un momento, pensemos en todos los sentimientos negativos que podemos provocar en nuestros hijos cuando actuamos así: “¡No le importo!, le importa más el armario que yo”, “¿Soy un desastre? Ahora sí que pienso ser un desastre de veras”, “¡Mi madre es una plasta, la odio!”, “Pues sí, cuando sea mayor viviré en una pocilga como me dice, ¡no me importa!”. Difícilmente lograremos un mejor comportamiento haciendo que se sientan mal. Estamos tan acostumbrados a exigir que hemos olvidado simplemente pedir.
La semana pasada cayó en mis manos un libro “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen” donde se explica algunos recursos para obtener cooperación. Desde luego, no todos dan resultado para todas las situaciones y/o para todos los niños. Cada uno de nuestros hijos tiene su personalidad. Aunque si existe coherencia entre lo que decimos, hacemos y la emoción desde donde les hablamos pueden funcionar. Os animo a probar. Quiero decir que no tendría sentido utilizarlos si nuestro lenguaje corporal o tono de voz no es acorde con lo que les estamos diciendo. ¡Qué importante es la INTENCIÓN que ponemos en las cosas! Siempre queda al descubierto.
Estas habilidades son las siguientes.
DESCRIBIR LO QUE VEMOS. SIN JUICIO. SIN VERTER NUESTRA OPINIÓN. HACERLO DE MANERA NEUTRA. Las veces que le he hecho saber a mi hijo que su habitación “parece desordenada” con las puertas del armario abiertas nos hemos enzarzado en una discusión sin fin. ¿Sabéis? Para mi hijo no es un problema de desorden. Por ejemplo, en lugar de decir, “Eres un desordenado” (ataco a su persona, va a SU SER) probar con “Hay papeles en el suelo de tu habitación” (luego podrá llegar la petición).

DAR INFORMACIÓN. Si nuestro hijo deja la toalla mojada encima de la cama al salir de la ducha podemos decirle. “La ropa húmeda coge olor desagradable aunque esté limpia, por eso las toallas han de extenderse”. (Luego podrá llegar la petición).
Con estas descripciones y ofreciendo información (NEUTRA) les damos tiempo y opción para que ellos sepan y decidan qué pueden hacer (les responsabilizamos), aunque también podemos HACER UNA PETICIÓN CONCRETA: “¿Puedes recogerlos y tirarlos a la papelera?”, “¿Puedes extender las toallas donde ya sabes?”, “¿Necesitas algo para hacerlo?”. (Recordad que esta petición ha de ser positiva, específica, explicando qué es lo que realmente queremos que hagan).
·        DECIRLO CON UNA PALABRA. Menos es más. Nuestros hijos no soportan nuestros sermones. No les interesan nada de nada. “¡La toalla, por favor!”.
·        HABLAR DE TUS SENTIMIENTOS sin culpabilizar ni personalizar. “No me gusta ver las puertas del armario abiertas”. Aunque puede que a él tampoco le guste oír esto (pues no es la primera vez que se lo dices) no puede molestarse pues no es nada personal. Expresas simplemente tus sentimientos.
 
·        Aquí me gustaría aportar lo útil que es EXPRESAR a continuación TU NECESIDAD INSATISFECHA (M. Rosenberg), sin juzgar ni culpabilizar: “Necesito orden para sentir calma”. Cuando nos enfrentamos a una situación que nos disgusta siempre hay una necesidad que no está siendo satisfecha. Cada cual verá cuál es: necesidad de orden, de reconocimiento, de respeto… Si has expresado tus sentimientos y tu necesidad insatisfecha de una forma neutra, sin culpabilizar, sin juzgar, sin poner el foco de tus males en el comportamiento del otro como causa de todo lo que te está pasando, es más fácil que tu hijo atienda luego tu petición y se vuelva más colaborativo. ¡Aunque no siempre sea a la primera!
 
·       ESCRIBIR UNA NOTA. Este último recurso es el que he utilizado para “mi problema”.
Además, teniendo en cuenta que mi hijo tiene mucho sentido del humor… ¡Ha funcionado!
“Lucas, por favor, no olvides cerrar mis puertas, tengo corriente de aire y me resfrío.
¡Muchas gracias, chaval! ¡Nos vemos!”
Firmado:
Tu Armario.
PD: “Por cierto, esta camisa te queda guay”
Lo importante de esta forma de comunicarnos es que, en todo momento, cuidamos la relación con nuestros hijos. No deteriorar la relación es lo principal.

El reto de ver la rutina como aliada para educar mejor

Cuando arranca septiembre y muchos recibimos con aburrimiento y pocas ganas la no deseada vuelta a la rutina. Pero aunque el verano es una época maravillosa, en la disfrutar a tope del tiempo libre, todos los expertos inciden en la importancia de la rutina para educar a nuestros hijos por una razón principal: la rutina da seguridad al conocer qué pasará después.
 
“Establecer buenas rutinas ayuda a los padres a desarrollar beneficios a largo plazo en la familia: seguridad, un ambiente más relajado, confianza y habilidades para la vida”, señalan Jane Nelsen, Lynn Lott y Stephen Glenn en el libro Disciplina positiva de la A a la Z. “Los niños y niñas tienen una oportunidad de centrarse en las necesidades de la situación: hacer lo que hay que hacer en cada momento. Los niños aprenden a ser responsables de su propio comportamiento, a sentirse capaces y a cooperar en la familia”.  Los autores aseguran que los niños “disfrutan de las rutinas y responden de manera favorable a ellas. Cuanto menor es el niño más reconfortante resulta la rutina”. Y además si establecemos bien la rutina el beneficio para los padres es claro: “Una vez se establece una rutina, esta es la que manda y los padres y madres no necesitan demandar continuamente ayuda”.
Estos expertos recomiendan a los padres y madres crear con los hijos, incluso con niños y niñas de dos años, listas de actividades necesarias para completar una rutina determinada, por ejemplo, prepararse para ir al colegio. Y creen que es buena idea dejar que los hijos elijan el orden de cada una de las actividades que han de completar (desayunar, vestirse, preparar la mochila, asearse…). Como propone Sapos y Princesas, esta lista de tareas se puede convertir en un planning diario que coloquemos en la pared del cuarto de nuestros hijos o hijas para recordar las tareas diarias e indicar cuáles se han hecho y cuáles quedan pendientes. Nelsen, Lott y Glenn proponen crear un mural de rutinas con fotos de nuestros hijos realizando las tareas indicadas. Una vez hecho el mural, los niños se mostrarán más cooperativos que si les decimos todo el rato lo que tienen que hacer.
En disciplina positiva es muy importante (también en el diseño de rutinas) llegar a acuerdos, tener en cuenta al hijo e hija y la amabilidad, pero también es importante la firmeza y el seguimiento de lo acordado. De modo que si nuestro hijo o hija no sigue lo acordado en la lista de tareas que hemos elaborado y ordenado con ellos y que aparece en el mural que hemos creado juntos, simplemente habrá que decirles, sin sermones: “¿Qué pone en el mural que hicimos juntos?”. Precisamente la idea de hacer equipo y de colaborar hace que la rutina se afiance mejor: la limpieza de la casa, la preparación de la cena (incluso el diseño del menú semanal), la compra…
Quizá septiembre sea un buen momento para plantearnos el reto (¡cómo nos gustan los retos!) de volver a la rutina con ilusión, orden, colaboración de toda la familia y con amabilidad. Y de hacer esta vuelta a la rutina un momento de negociación, de trabajo en equipo para diseñar el orden de las actividades y los murales que queramos poner en casa. Y además queramos conseguir con eso que nuestros hijos sean más autónomos, aprendan a gestionar su tiempo y no tengamos que recordarles sin descanso lo que hay que hacer. Septiembre también puede ser un buen momento para revisar rutinas que teníamos y que no nos gustan (como gritar para que nos hagan caso, hacer de la hora de acostarse una lucha o pelearnos para que hagan los deberes). Para revisar cómo funcionan las rutinas, la psicóloga y autora de Queremos hijos felices, Silvia Álava nos recomienda llevar un registro en el que figure a qué hora empieza y acaba una actividad, en qué consiste y qué incidencias observamos (por qué esa tarea llevó más tiempo del previsto). “Con realizar esta tarea durante una semana, tendremos material suficiente para analizar qué es lo que está ocurriendo. Será una forma muy eficaz de detectar las fugas de tiempo y establecer formas de resolverlas, pero también para analizar si todas las actividades que realizamos a lo largo de la semana son necesarias. En ocasiones nos encontramos que sobrecargar las agendas tanto de los padres y de los niños con multitud de actividades extraescolares (piano, tenis, pintura, paddle, inglés, chino, coro, baile…) en lugar de aportar, consigue realizar un efecto de sobrecarga y presión para todos”
Así que la (buena) rutina sí tienen beneficios: da seguridad y orden, disminuye la ansiedad, favorece la cooperación y la autonomía, puede ayudar a reducir las discusiones… Nelsen, Lott y Glenn, de todos modos, nos advierten: puede que las rutinas no funcionen bien a la primera porque “está en la naturaleza humana resistir el cambio”.  

lunes, 23 de noviembre de 2015

El desarrollo cognitivo de los niños está relacionado con el aprendizaje de la música

El 50% de la inteligencia de su hijo vendrá determinada por sus genes, según un estudio reciente publicado en la revista Psiquiatría Molecular. Su relación con el medio a lo largo de la infancia, la adolescencia y la vida adulta terminarán de construir el jeroglífico. ¿Y qué pinta usted, progenitor de la criatura, en todo esto? “Sin los padres, el potencial intelectual del niño no se puede desarrollar”, asegura Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres. “La llave del desarrollo potencial del cerebro del niño está en las relaciones con sus padres. Aunque la genética tenga un peso importante, sin esa presencia no se convertiría en realidad. Es como un niño que puede llegar a medir 1,90 metros, pero si sus padres no lo alimentan bien, no lo logrará”.
Cuando un bebé nace ya cuenta con la práctica totalidad de las 86.000 millones de neuronas que tendrá en la edad adulta. La principal diferencia entre su cerebro y el de una persona mayor es que esas neuronas habrán desarrollado trillones de conexiones entre sí. Cada una de esas conexiones puede traducirse en un aprendizaje que el cerebro del niño ha realizado, según explica Bilbao en su trabajo. Los primeros seis años de vida son muy importantes, porque a partir de esa edad el niño empieza a perder parte de esas conexiones, concretamente las que utiliza menos.


Si no dejamos que vean televisión durante la cena, no lo haga tampoco usted, ni siquiera el informativo
Ahora que sabemos que los padres tienen la llave para el desarrollo de la inteligencia de su hijo, ¿qué podemos hacer? La respuesta del neuropsicólogo es sencilla y a la vez compleja, pero podría resumirse en quererlos, cuidarlos y compartir la vida con ellos, reforzando conductas positivas, apoyándolos, jugando ("tirados en el suelo si es necesario"), socializando, dejando que se equivoquen, dialogando todos los problemas. En eso coinciden otros expertos como Maximino Fernández Pérez, pediatra del centro de salud de La Felguera (Asturias), psicólogo y vocal de Psiquiatría Infantil de la Sociedad Española de Pediatría (AEPED). “El niño debe saber que tiene detrás unos padres que lo quieren y se preocupan por él”, afirma, y además recuerda la importancia del aprendizaje por imitación. “Los padres somos el modelo de nuestros hijos”. Tirando de refranero español, no se puede estar rogando y con el mazo dando. Si no dejamos que vean televisión durante la cena, no lo haga tampoco usted, ni siquiera el informativo.

Pero hay otras muchas cosas que hacer en la vida cotidiana para estimular el desarrollo cerebral de los pequeños y también otras muchas que tienen buena fama pero en realidad no son tan útiles. Las repasamos.
 

Apuntarlo a actividades artísticas: mejor música que teatro

Hay investigaciones que han relacionado el desarrollo cognitivo con el aprendizaje de la música (no con su mera escucha). Un estudio de la Universidad de Toronto publicado en la revista Psychological Science comparó a cuatro grupos de niños de seis años. Durante un año, un grupo estudió piano; otro, canto; otro, arte dramático; y otro grupo no recibió lecciones de ninguna clase, aparte de las clases regulares. A todos se les practicaron pruebas de inteligencia antes y después, y se encontró que en los dos grupos que recibieron lecciones de música hubo un aumento en varias medidas de inteligencia mayores que en los otros. El grupo que recibió lecciones de arte dramático también tuvo un aumento, pero no fue en las áreas relacionadas con el desarrollo cognitivo, sino en las de conducta y adaptación social. El grupo que no recibió lecciones registró un aumento menor en las pruebas.

DVD con imágenes y música para menores de 2 años: ni se moleste

Si en su casa ha habido un bebé en los últimos 10 o 12 años, conocerá estos DVD con imágenes sencillas de dibujos, muñecos o niños que van pasando al ritmo de piezas de Mozart o Beethoven. Se comercializaron con la idea de ser educativos, pero, tras un litigio, la compañía (Disney) terminó por anunciar que devolvería el dinero a quienes se sintieran afectados porque, después de verlos, sus niños no parecían más listos y porque hubo estudios que así lo desmintieron. De hecho, la Academia Americana de Pediatría advierte de que los menores de dos años ni siquiera deben ver televisión.

Programas de entrenamiento cerebral: para la memoria a corto plazo

En los últimos años han proliferado escuelas y programas, juegos electrónicos y hasta aplicaciones para móviles con el objetivo de entrenar y estimular el desarrollo cerebral… Sin ninguna base científica. Un grupo de niños de entre siete y nueve años de edad formó parte de un estudio de la Universidad de Cambridge para el que recibieron 25 sesiones de entrenamiento de memoria a corto plazo y comprobaron que, si bien hubo ciertas mejoras en esa parcela, no sucedía lo mismo para otras habilidades más amplias como matemáticas, lectura o escritura. “Si a un niño lo llenamos de conocimientos pero no permitimos que desarrolle su capacidad, no lo hacemos más inteligente. Lo hacemos más sabiondo. Quizá con estos programas parezca que el niño avanza más que sus compañeros en determinadas áreas, pero al final los compañeros lo alcanzan y ellos habrán perdido otras capacidades que tienen que ver con el juego libre y el desarrollo de la creatividad. El desarrollo cerebral no es un proceso que pueda acelerarse sin perder sus propiedades”, advierte Bilbao.

Dispositivos tecnológicos: solo a partir de 3 años

"Si a un niño lo llenamos de conocimientos pero no permitimos que desarrolle su capacidad, no lo hacemos más inteligente. Lo hacemos más sabiondo".
Álvaro Bilbao, doctor en Psicología

“¡Este niño, qué listo es! Tan pequeño y mira cómo maneja el móvil y la tableta”. Se trata de una frase de abuelos y tíos muy común. Pero un estudio de la Universidad de Boston publicado en la revista Pediatrics sostiene que el uso frecuente de estos dispositivos por parte de menores de entre uno y tres años puede afectar no solo a su cerebro, sino también a sus capacidades de desarrollo social y emocional. El smartphone y las tabletas generan estímulos tan rápidos e intensos que el cerebro de los pequeños no tiene capacidad para manejarlos. “La tecnología nunca va a mejorar la capacidad de inteligencia de base. Puede ser un complemento y fomentar algunas cualidades, pero nunca va a mejorar el patrón de fondo”, apunta Fernández Pérez.

Ver películas en inglés: el camino al bilingüismo

O dibujos animados. Cada día un ratito. Con el apoyo de un profesor nativo en la escuela o en las extraescolares. “Esto es más efectivo que un colegio bilingüe sin profesores nativos”, asegura Bilbao. Según el Estudio Europeo de Competencia Lingüística, los españoles no entendemos inglés porque siempre hemos escuchado la televisión doblada al español, cuando la escucha y visionado de productos audiovisuales en versión original mejora un 21% los resultados de los estudiantes en comprensión oral.

Lectura nocturna: siempre entre dos

El cuento de por la noche no puede ser una lectura rápida para que se duerman pronto y todo lo que los niños hagan en esos minutos sea mirar los dibujos. Según un estudio realizado en Canadá, lo que realmente mejora sus habilidades y estrategias de aprendizaje es compartir esa lectura: una página cada uno.

Música para el feto: hay reacción, pero sin consecuencias


Lo que realmente oye el feto cuando usted le habla es una especie de murmullo, algo así como el ruido de fondo de un bosque. Y aunque según un estudio publicado en The Journal of the Acoustical Society of America las palabras emitidas desde el exterior son ininteligibles aproximadamente en un 50%, un equipo de investigadores liderado por Marisa López-Teijón, jefa de Reproducción Asistida del Institut Marqués, considera que es posible hacer que las palabras o la música lleguen con claridad al interior del útero vía vaginal. "A partir de las 16 semanas de gestación, el feto ya es capaz de responder a estímulos musicales", explica la coautora del estudio Expresión facial fetal en respuesta a la emisión de música vía vaginal, publicado recientemente en la revista Ultrasond.

Pero, ¿qué sucedía cuando a los fetos de las embarazadas del estudio se les ponía música de esta manera? "Cuando aplicamos música vaginal [hay un gadget específico para ello], el 87% de los fetos movieron la boca o la lengua y cerca del 50% reaccionó abriendo muchísimo la mandíbula y sacando la lengua al máximo", explica García Faura, quien asegura que al aplicar la música al abdomen o vibraciones sonoras no observaron los mismos resultados.
 
Las respuestas motoras que describe García Faura y que el profesor Prats identifica con movimientos de vocalización, constituyen "unos resultados interesantes", pero, en opinión de la doctora Ana Riverola de Veciana, médico adjunto de Neonatología del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), "no nos permiten extrapolar que este tipo de estimulación prenatal sea beneficiosa para los fetos a largo plazo". La experta cree que lo que el estudio muestra son respuestas faciales, y, de ahí, lo que se puede deducir es que los fetos oyen desde la semana 16, lo cual ya es muy novedoso. "Sin embargo, esto no quiere decir que el feto esté disfrutando o que ese estímulo sea positivo para su desarrollo", dice. El doctor Fernández Pérez también añade que no hay evidencia empírica de que este acto influya en la posterior inteligencia del niño.