Después de tantos años viviendo en sociedad, he llegado a la conclusión que de las cosas más importantes y básicas en esta vida… y en todas las que ustedes quieran vivir… dependen únicamente de la educación (¡Oh, gracias bendita Calíope por tu inspiración). Por ello, he creado este blog.

Pero si de aportar soluciones se trata, no esperen milagros, que todo en esta vida requiere esfuerzo. Este blog me servirá de agenda, recordatorio y reflejo de lo que puede valer la pena trasmitir y comunicar. También, no nos engañemos, poder desparramar a mi aire, que para eso soy el autor.

Quizá se hayan fijado en el título: Piratas y corsarios en la educación. Si les gusta un poquito la historia o son un mínimo de curiosos, ya sabrán la diferencia entre unos y otros. ¿Quiénes son aquellos que, a costa de la educación, se lucran y roban pensando en sus intereses? ¿Quiénes son aquellos que lo hacen incluso dentro del mismo sistema educativo? ¿Quiénes son aquellos que manipulan el sistema en contra de todo sentido común? Algunos se hacen llamar profesores, otros directores, otros políticos y los peores, la misma sociedad (nosotros)... por permitirles todo esto.






lunes, 15 de enero de 2018

Tips para organizar mejor tu tiempo con niños

Volvemos a la rutina, a los horarios, a las prisas por llegar al colegio, a las extraescolares, a la carrera nocturna de ducha, cena, cuento y cama… Y así estrenamos en 2018 con la impresión de que no nos da tiempo a nada. Pero que no cunda el pánico, la psicóloga Silvia Álava y la pedagoga Maite Vallet nos dan claves para que nuestro día a día no sea una carrera contrarreloj que nos arrolla. Un buen propósito para empezar el año, ¿no os parece?
 
 
Nos gustaría disponer de más tiempo, pero eso no está en nuestras manos. Tenemos trabajos con horarios extensos, muchos compromisos, llevar a los niños a las extraescolares y al final vivimos siempre con la sensación de “no me da tiempo a todo, tengo que ir siempre corriendo y con la lengua fuera”, como dice Silvia Álava.
 
Silvia nos propone pararnos a pensar cómo organizamos nuestro tiempo y cómo podemos hacerlo para pasar un tiempo de mayor calidad con nuestros hijos. Hay que observar y analizar dónde están las fugas de tiempo: el niño está protestando, le estás mandando más cosas de las que puede hacer a la vez, le estamos sobrecargando de actividades o a lo mejor le estamos pidiendo que haga las cosas más rápido de lo que puede. Porque a la hora de organizar el día a día solemos planificar los tiempos en función de lo que tarda un adulto y, por ejemplo, le dejamos menos tiempo a nuestro hijo para que se vista,  no puede hacerlo tan rápido y nos entran las prisas y el estrés.
Las rutinas y horarios benefician a los niños
Así nos lo cuenta la psicóloga infantil Silvia Álava en este vídeo.

 
 

Si les ayudamos a reflexionar sobre todas las tareas, nuestros hijos se sienten implicados, respetados y satisfechos cuando cumplen los horarios y conocen las tareas que se deben realizar. Otra ventaja de elaborar un horario de tareas en casa es que, si lo hemos hecho con su participación, realmente juntos, podrían reducirse las peleas por irse al baño o lavarse los dientes, porque es una tarea marcada en el horario que hemos elaborado juntos.
Planificar la agenda y respetar los tiempos pactados
Del mismo modo que en el trabajo bloqueamos tiempo para tareas y lo cumplimos, es importante entender que el tiempo que le hemos dicho al niño que vamos a dedicar a alguna actividad es sagrado. Es importante dejar tiempo para pequeños imprevistos para tener un pequeño colchón de tiempo que no nos haga ir corriendo si, por ejemplo, no encontramos un calcetín.

Gestionar el tiempo del niño y hacérselo saber

Por ejemplo decirle que ahora no puedo atenderte porque estoy haciendo la cena pero cuando termine me acercaré. Pero hay que cumplirlo, porque si cuando hemos acabado el niño está tranquilo no vale ponerse con otra cosa.  Se trata de respetar ese tiempo que le he reservado. Cuando el niño es pequeño, le podemos dejar con una actividad planificada para que rellene ese tiempo.

Educar niños responsables y autónomos

En realidad ese es el objetivo de la educación, que nuestros hijos sean autónomos. Muchas veces es cierto que no nos da tiempo a todo, pero porque en realidad estamos asumiendo tareas que nuestros hijos podrían hacer por sí solos, como vestirse, ducharse solos o incluso colaborar en la limpieza y el orden en casa.  Por eso Silvia nos invita a enseñar a nuestros hijos a asumir sus tareas de manera progresiva, cuando ya estén preparados. “Si favorecemos su correcta autonomía desde que nuestros hijos son pequeños, será cada vez más fácil porque iremos consiguiendo que cada vez sean más responsables y autónomos, pero hay que darles el tiempo que los niños necesitan”. Podemos empezar a preparar la mochila con ellos y paulatinamente dejarles que lo hagan y decirles que solo supervisaremos. Cuando yo asumo las responsabilidades de ese hijo al final no aprende, porque piensa: “Si papá o mamá lo van a hacer, ¿para qué lo voy a hacer yo?”.
 

Priorizar y distinguir lo que es importante de lo que no lo es

En ocasiones nos gustaría cocinar una cena maravillosa, pero no tenemos el tiempo suficiente, así que eso no va a ser tan importante, se trata de resolver la situación. Lo mismo ocurre con las actividades que planificamos por la tarde con nuestros niños. “En el momento que estamos viendo que tenemos que meter las actividades extraescolares casi casi con calzador y tenemos que ir corriendo de una a otra, hay que pararse y analizar si realmente tiene sentido que haga tres deportes en la misma tarde”. Asumir que no llegamos a todo, como nos decía Lucía Galán (Lucía, mi pediatra) y a partir de ahí elegir y priorizar es fundamental para no frustrarnos por no cumplir unas expectativas poco realistas.
 
 
 

Dejarles tiempo libre

La mayoría del tiempo de nuestros hijos está planificado por un adulto: profesores, padres, monitores de extraescolares… Es importante, que nuestros hijos aprendan a “gestionar su tiempo libre, decidir a qué juegan o simplemente aprender a aburrirse, que es muy bueno”, porque “todavía ningún niño se ha muerto de aburrimiento”. Subrayamos la trascendencia de que nuestros hijos tengan tiempo libre solos porque,  “la única persona que nos va a acompañar toda la vida somos nosotros mismos”, así que es importante enseñarles a “estar a gusto con ellos mismos”. 

lunes, 16 de octubre de 2017

Principales trastornos de sueño en los niños y cómo tratarlos

Los trastornos del sueño se caracterizan por provocar problemas en relación al hecho de dormir e incluyen la dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, quedarse dormido en momentos inapropiados, tener demasiado sueño o conductas anormales durante el sueño.
 
En este artículo explicaremos cuáles son los principales trastornos del sueño en la infancia y cuáles son las principales recomendaciones clasificadas por edad para poder encontrar solución. De todos modos hay que recordar que este artículo no pretende sustituir la visita a vuestro pediatra.
 
Cuando hablamos de trastornos del sueño es porque:
  • Los problemas de sueño de tu hijo (alteraciones del humor, dificultad para concentrarse, somnolencia durante el día, cansancio físico y mental, estado general de tensión y ansiedad) afectan de manera significativa su vida diaria.
  • El problema de sueño está afectando la relación de padres e hijos; la relación de toda la familia o sus relaciones sociales y escolares.
Lo más importante es conseguir reconocer que existe un trastorno de sueño que está afectando a su hijo para poder empezar a resolverlo lo antes posible. Por este motivo, en caso de duda hay que notificarlo al pediatra.
 
Hay muchos tipos de trastornos de sueño que pueden afectar a la infancia y la adolescencia, para facilitar toda la información que hay al alcance los hemos dividido en tres categorías:
  1. El niño que le cuesta dormirse
  2. El niño que hace cosas raras por la noche 
  3. El niño que se duerme durante el día 

1. El niño que le cuesta dormirse

Insomnio

El insomnio se caracteriza por la dificultad para iniciar y mantener el sueño, o bien la sensación de no haber dormido bien y que esto se alargue, al menos, durante un mes seguido. El trastorno del insomnio es uno de los problemas más frecuentes en los niños y normalmente, con la ayuda de los profesionales sanitarios y de su apoyo se puede tratar y resolver.
  • Insomnio conductual: es la incapacidad del niño para conciliar el sueño si está solo, presentando resistencia y ansiedad a la hora de ir a la cama. Se despierta muy a menudo.
  • Insomnio por higiene del sueño inadecuado: está asociado a actividades que se realizan durante el día que son las que impiden una adecuada calidad del sueño durante la noche (consumo de chocolate o cafeína; intensa actividad física o uso de ordenadores, consolas o teléfonos móviles ).

Síndrome de las piernas inquietas

Este síndrome se caracteriza por la necesidad urgente de mover las piernas en situaciones de reposo, hecho que aparece en muchos casos asociado a una sensación desagradable.
 
Es un trastorno que tiene un gran impacto en la calidad de vida del niño y puede provocarle insomnio y cansancio durante el día. Es un trastorno del que se desconocen las causas aunque parece que hay predisposición familiar.
 
Es primordial ofrecer a estos niños apoyo cuando están en la escuela, ya que muchos de ellos empeoran por la mañana por la obligación de estar sentados en clase, sin moverse.

Síndrome del retardo de fase

Este síndrome es una alteración del ritmo del sueño que comienza a manifestarse, normalmente, a partir del 10 años; se caracteriza por insomnio a la hora de acostarse y por la dificultad para despertarse por la mañana en el momento que toca, lo que conlleva somnolencia durante el día.
El niño puede manifestar cansancio diurno, bajo rendimiento escolar y/o disminución de la atención.

2. El niño que hace "cosas raras" por la noche

Síndrome de la apnea-hipopnea obstructiva del sueño

Este es un trastorno respiratorio que se produce durante el sueño y se caracteriza por la presencia de episodios repetidos de obstrucción completa o parcial de las vías aéreas superiores porque las partes blandas de la garganta se colapsan y se cierran durante el periodo de sueño.
 
Algunas alteraciones anatómicas como amígdalas grandes o malformación craneal, enfermedades neurológicas y sufrir obesidad o reflujo gastroesofágico facilitan este síndrome.
 
Una ronquera frecuente, problemas para respirar durante la noche, somnolencia durante el día o dficultad para prestar atención nos podrían hacer dudar de este síndrome. Su tratamiento suele conllevar una extirpación de las amígdalas o adenoides del niño o el hecho de dormir con una máscara para que respire confortablemente.

Sonambulismo

El sonambulismo es un trastorno del sueño muy común en niños en edad escolar.
Suele ser benigno y se resuelve con la edad sin necesidad de tratamiento. El niño no responde a estímulos externos y no recuerda nada.

Terrores nocturnos

Los terrores nocturnos son un tipo de trastorno del sueño que parece una pesadilla aunque mucho más espectacular. El niño, mientras está durmiendo, se incorpora bruscamente en la cama gritando y llorando, alterado y agitado. Como en el sonambulismo, el niño no responde a estímulos externos y no recuerda nada.

Pesadillas

Las pesadillas son estados del sueño largos, elaborados, complejos, con aumento progresivo de la sensación de miedo o de ansiedad. El niño se despierta muy asustado y totalmente alerta. Describe con todo detalle que el sueño que ha tenido ha sido muy angustioso y aterrador. A menudo el niño cree que lo que ha soñado ha ocurrido realmente.
 
Los padres no pueden evitar las pesadillas pero sí ayudarles a dormir más relajadamente, y en consecuencia esto favorece la minimización de pesadillas.

Movimientos rítmicos relacionados con el sueño

Son movimientos repetitivos que afectan a determinadas partes del cuerpo como la cabeza, el tronco, las extremidades o todo el cuerpo, que pasan cuando el niño se está quedando dormido. Comienzan cuando el niño aún no tiene el año y desaparecen a medida que se hace mayor.

3. El niño que se duerme durante el día 

Narcolepsia

La narcolepsia es un trastorno muy poco frecuente en la infancia y suele establecerse durante la adolescencia y la juventud. Se caracteriza por la somnolencia de día, la pérdida de tono muscular desencadenada por una emoción, mantener experiencias vividas como reales y sufrir sensación de inmovilidad.
 
Este es un trastorno crónico y requiere tratamiento con el que el niño podrá llevar una vida prácticamente normal. El papel de los padres en esta etapa es especialmente importante para establecer hábitos de higiene del sueño.

Recomendaciones generales para tratar de evitar cualquier tipo de trastorno de sueño

A continuación se detallan por grupos de edad los principales consejos a seguir para facilitar un correcto desarrollo del sueño en niños. Para consejos más generales mira este vídeo del Dr. Òscar Sans, coordinador de la Unidad Pediátrica del Sueño del Hospital Sant Joan de Déu, primera unidad pediátrica acreditada por la Sociedad Española del Sueño.

Menores de 2 meses

  • Muy importante que el bebé esté despierto cuando coma, así comenzará a asociar la comida con la víspera.
  • Después de cada toma, ten al bebé despierto en brazos un rato para eliminar gases.
  • Después de cambiar los pañales, deja al bebé en la cuna despierto para que aprenda a dormirse solo.
  • Se debería desarrollar una rutina antes de acostarse: baño - masaje - cena - nana o cuento - dormir.

Entre 2 y 5 meses

  • Haz siempre lo mismo a la hora de acostarse.
  • No despertéis al bebé por la noche para darle de comer.
  • A partir de los 3 meses el bebé debería dormir en su propia habitación.

Entre 5 y 12 meses

  • En este período el bebé ya no debería comer por la noche. Si se despierta deberás calmarlo con caricias y frases cariñosas.
  • Le puedes dar un objeto transicional: un muñeco, un peluche... algo que le haga compañía.
  • Debe seguir con la rutina de antes de ir a dormir y dejar que se duerma solo.

A partir de los 12 meses

  • El ambiente debe ser tranquilo, oscuro y la temperatura agradable.
  • La hora de acostarse debe ser aproximadamente la misma y la de levantarse también.
  • El exceso de líquidos favorece que se despierte por la noche.
  • La actividad física intensa evitará 1-2 horas antes de acostarse.
  • Evite darle chocolate y/o refrescos con cafeína.
  • No lo dejes hacer las siestas demasiado largas.

A partir de los 2 años

  • Si el niño protesta o llora durante la noche, reflexionamos sobre lo que ha pasado durante el día pero sobre todo no grites, dale seguridad y sigue con la rutina.
  • Evita que vaya a dormir con hambre pero no dejes que beba demasiado líquidos que harán que se despierte para hacer pipi.

Entre los 2 y 5 años

  • Sólo tienen que dormir la siesta como complemento del sueño nocturno.
  • Ten muy en cuenta, en estas edades, de no potenciar la angustia o los miedos.
  • Evita darle bebidas y alimentos excitantes.
  • Limita la actividad física intensa 1 - 2 horas antes de acostarse.
  • Nunca le asocies la comida o el sueño con un castigo o una amenaza.
  • Si el niño protesta o llora durante la noche, reflexiona sobre lo que ha pasado durante el día pero sobre todo no le grites, dale seguridad y sigue con la rutina.
  • No pierdas la calma.

Etapa adolescente

  • Es importante tener información sobre los cambios en la adolescencia: deberá aprender a reconocer los signos de falta de sueño: irritabilidad, dificultad para despertarse, recuperación del sueño los fines de semana.
  • Evita el uso de móviles, ordenadores, tabletas... antes de ir a dormir.
  • El diálogo sobre el sueño y su influencia para la salud es primordial.
  • Los padres tiene que dar ejemplos con buenos hábitos de sueño.
Recuerda que ante cualquier duda se debe visitar al pediatra. La mayoría de trastornos del sueño son comunes y tienen tratamiento.
 

Pesadillas en niños, ¿se pueden evitar?

Aunque es normal que los niños tengan pesadillas de vez en cuando existen algunas técnicas que puedes probar para controlarlas y garantizar que tengan un sueño agradable.
 
Las pesadillas son un tipo de sueño que ocurren durante el acto de dormir y produce sentimientos de terror, miedo, angustia y ansiedad; a menudo se presentan en la segunda mitad de la noche y suelen provocar el despertar de la persona que duerme. Aunque son más comunes en niños, un 50% de los adultos experimentan pesadillas ocasionales, mayoritariamente en mujeres.
 
En niños suelen empezar alrededor de los 2 años aunque cobran más protagonismo entre los 3 y 6 años. No se sabe exactamente qué las causa, pero se piensa que pueden estar relacionadas con el estrés y la ansiedad del niño. En la mayoría de casos, no suponen un motivo de preocupación para los padres.

¿Se pueden evitar las pesadillas?

No se pueden evitar totalmente pero los padres pueden contribuir a que sus hijos tengan un sueño lo más apetecible posible. Cuando los niños se despiertan por una pesadilla, las imágenes del sueño aún están frescas y pueden parecer reales, así que es natural que se sientan asustados y alterados y que llamen a sus padres para que los consuelen.
 
No se conocen los mecanismos que provocan la aparición de pesadillas y la mayoría de ellas ocurren sin ninguna razón aparente, aunque puede existir una relación con alguna situación que esté viviendo el niño como una mudanza, cambio de escuela, tensiones familiares, etc. Algunas pesadillas tienen lugar como respuesta a algún acontecimiento más traumático para el niño como una catástrofe natural o un accidente. Algunos niños pueden tener pesadillas si horas antes han presenciado escenas violentas en la televisión o al leer determinados cuentos.

¿Cómo garantizarles un sueño agradable?

Los padres no pueden evitarles las pesadillas pero sí ayudarles a dormir más relajadamente, y en consecuencia esto favorece la minimización de pesadillas. Para ello los niños deberían…
  • Tener un horario regular para irse a dormir y levantarse.
  • Seguir una rutina cuando llega la hora de ir a la cama que les ayude a estar más tranquilos y a sentirse seguros como bañarse, recibir mimos, leer, hablar sobre cosas agradables, etc.
  • Tener una habitación acogedora, donde puedan sentirse en paz y relajados.
  • Evitar ver la televisión antes de ir a dormir o leer cuentos que les puedan dar miedo, sobre todo si ha podido comprobar en otras ocasiones que les produce pesadillas.
  • Saber que las pesadillas no son reales, que sólo son sueños y que no les pueden hacer daño.

¿Qué hacer si un niño tiene pesadillas?

  • Tranquilízalo haciéndole sentir que estás a su lado. Tu presencia y el mostrar tranquilidad ayudará a tu hijo a sentirse seguro y protegido. Saber que un adulto está a su lado le refuerza su sentimiento de seguridad. 
  • Explícale lo que ocurre. Habla con tu hijo para que comprenda que ha tenido una pesadilla y que no es real.
  • Consuélalo. Muestra a tu hijo que entiendes que esté asustado y que tener miedo no es malo y que incluso es natural.
  • Juega con su imaginación. Puedes usar la imaginación del niño para hacer desaparecer los “causantes” de las pesadillas por ejemplo utilizando un supuesto espray especial para eliminar monstruos.
  • Deja una luz encendida. Dejar una luz encendida puede ser un punto de seguridad para el niño. También dejar una linterna en su mesita de noche.
  • Ayuda a tu hijo a volver a dormir. Dándole cariño y consuelo ayudarás a que cambie su estado de ánimo. Para que pueda conciliar el sueño de nuevo puedes darle su peluche favorito, taparlo con una manta, colocarle una almohada, encender una lámpara o incluso ponerle música tranquila.
  • Escúchalo con interés. No es necesario hablar demasiado sobre la pesadilla a altas horas de la noche; bastará con que ayudes a tu hijo para que se sienta tranquilo, seguro y protegido, y así pueda volver a dormirse. Pero es posible que por la mañana, tu hijo quiera contarte con mayor detalle la pesadilla de la noche anterior. Al hablar de la pesadilla a la luz del día  muchas de las imágenes angustiosas pierden su poder.
La mayoría de los niños sólo tienen pesadillas de vez en cuando, y es algo normal que no debe porqué preocupar. Lo único que hace falta en estos casos es que los padres los tranquilicen y les den la seguridad que necesitan. Si las pesadillas impiden que el niño duerma suficiente o si están acompañadas de otros problemas emocionales o de comportamiento, consúltalo con tu pediatra.

Desde 1975, la obesidad infantil se ha multiplicado por diez

Según un estudio publicado en The Lancet, si continúa esta tendencia, en 2022 habrá más niños con obesidad que con bajo peso en todo el mundo.
 
Y es que número de niños y adolescentes obesos en todo el mundo ha crecido desde los 11 millones en 1975 a 124 millones en 2016, según este estudio dirigido por el Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud.

martes, 12 de septiembre de 2017

A mayor CI, ¿mayor esperanza de vida?

Al menos en los niños, según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Edimburgo, existe una correlación entre cociente intelectual (CI) y esperanza de vida.
 
En el estudio, concretamente, se analizó las estadísticas de casi todos los ciudadanos escoceses nacidos en 1936.

viernes, 7 de julio de 2017

Los niños que duermen poco sufren mayor envejecimiento celular

Los niños que han dormido poco no solo pueden resultar más quejumbrosos o atolondrados, sino que sufrirían mayor envejecimiento celular, un proceso que podría tener efectos a largo plazo para la salud.
Concretamente, sus telómeros serían más cortos. No es la primera vez que se sugiere esta conexión.

jueves, 15 de junio de 2017

Intolerancia y otras idioteces


 
Hace tiempo que los libros de texto escolares en España se han convertido en interesante territorio donde espigar lo que nos espera. O lo que vamos teniendo ya. Un observador superficial deduciría que todo responde al plan maquiavélico de un profesor Moriarty que se proponga convertirnos, de aquí a una generación, en un país de imbéciles analfabetos; aunque, eso sí, rigurosa y políticamente correctos. Pero no creo que haya plan. Ojalá tuviéramos uno. Se trata, en realidad, de simple contagio colectivo e inexorable, propio de un país como el nuestro, donde cuando se celebre el Día del Orgullo Gilipollas no vamos a caber todos en la calle.
El último hallazgo acabo de hacerlo en un texto escolar de 5º de Primaria. Tras la triple pregunta ¿Cuál era la religión en los reinos de los reyes católicos? ¿Qué les sucedió a los judíos y musulmanes en esta época? ¿Qué era el Tribunal de la Inquisición?, cuestión absolutamente lógica y que con buenos profesores se presta a útiles debates sobre momentos decisivos –para bien y para mal– en la historia de España, figura, bajo el epígrafe Educación Cívica, otra doble pregunta de carga envenenada:¿Crees que los Reyes Católicos eran tolerantes? ¿Qué opinas sobre que se obligue a las personas a practicar una religión?.
 
La respuesta a esa simpleza no puede ser más que una: los Reyes Católicos no eran tolerantes ni por el forro, y es malo que se obligue a nadie a practicar una religión, como hicieron ellos y sus sucesores. Faltaría más. La misma forma de plantear la pregunta conduce, inevitablemente, a esa respuesta simple, que en realidad no lo es tanto. De ahí lo peligroso del asunto. Su carga envenenada.

 
Vistos desde aquí, por supuesto, los Reyes Católicos no eran tolerantes en absoluto. Lo que eran es una mujer, Isabel de Castilla, y un hombre, Fernando de Aragón –reino que incluía el condado de Barcelona, entre otras cosas–, cuyo matrimonio unió a dos extraordinarios personajes de Estado que, con decisión política y visión de futuro, consiguieron la unidad de España al conquistar el reino musulmán de Granada. Los dos eran inteligentes y poderosos –los más poderosos de su tiempo en Europa–, pero desde luego no eran tolerantes. No podían serlo, como no lo fue ninguno de sus coetáneos, ni el papa de Roma, ni los reyes de Francia o Inglaterra, ni el sultán de Turquía, ni nadie con mando en plaza. La tolerancia, como la entendemos hoy, estaba reñida con el poder, con las nacionalidades que se empezaban a afirmar –la española fue de las primeras– y con la guerra y la violencia, instrumento habitual de relación entre comunidades, territorios, pueblos, estados y religiones. Con tolerancia no se habría construido España, como tampoco ninguno de los países hoy conocidos. Y en el siglo XV, la religión era fundamental a la hora de establecer todo eso. Sin unidad religiosa era imposible establecer unidades políticas; y esa cruda realidad aún daría pie a muchas guerras y atrocidades en los siglos siguientes: guerras de religión que ensangrentarían Europa y muchos otros lugares.
 
Desde luego que la respuesta es no. Desde una mirada actual, tolerantes no fueron los Reyes Católicos, ni antes de ellos los cruzados, ni Saladino, ni los reinos hispanos, ni Almanzor, ni lo serían después Carlos V, Felipe II, Lutero, Calvino, Napoleón, Robespierre, Lenin, ni nadie que haya pretendido consolidar su poder y vencer a sus enemigos. Ni en Atapuerca lo eran. La Historia de la Humanidad, entre otras cosas, está hecha de intolerancias. Y atribuir ese rasgo a unos reyes decisivos para España sin situar el asunto en el contexto real de su tiempo, supone una irresponsabilidad. Significa echar, sobre nuestras siempre maltrechas espaldas históricas, falsas responsabilidades y complejos perniciosos y estúpidos.
 
Nuestro pasado fue tan crudo, triste, fascinante y admirable como el de cualquier otro país. Transcurrió en un mundo en el que todos jugaban con las mismas reglas, o ausencia de ellas. Juzgar a sus actores con ojos del presente es una injusticia y un error, sobre todo en esta España que vive mucho de lo oído y poco de lo leído. Aplicar la mirada ética de hoy a los hechos de entonces no sirve sino para que los jóvenes renieguen de una historia que no es mejor ni peor que en otros países o naciones. Así que no mezclemos churras con merinas. Preguntemos a un joven estudiante si un neonazi, un maltratador de mujeres o un yihadista son tolerantes, y situemos a los Reyes Católicos en el contexto que les corresponde. El deber de un sistema educativo es conseguir que la historia, el pasado, la memoria, se estudien para comprenderlos. No para condenarlos desde la simpleza y la ignorancia.

Tu adicción al móvil puede ser la causa del mal comportamiento de tus hijos

Según un estudio reciente, los hijos de padres que miran el móvil mientras están con ellos desarrollan peores comportamientos.
 
 
Mirar el móvil cuando se pasa tiempo con los hijos puede tener consecuencias negativas sobre su comportamiento. Al menos, esas son las conclusiones de un estudio sobre la ‘tecnoferencia’, es decir, sobre las interferencias tecnológicas en la vida social y en concreto sobre el desarrollo de los más pequeños.
 
El trabajo, publicado en la revista científica 'Child Development', examinó a 170 familias con al menos un niño de más de un año -la media de los menores participantes era de tres años- a las que se les pidió que valoraran el número de veces que los teléfonos, los ordenadores o las tablets interrumpían, aunque fuera brevemente, el tiempo que pasaban con sus hijos.
 
Casi la mitad -un 48%- declaró que sucedía en tres o más ocasiones en un día normal. Un 24% afirmó que pasaba un par de veces diarias, un 17% que solo una vez y un 11% defendió que jamás ocurría. Tal y como pudieron comprobar los investigadores, conforme aumentaba el número de distracciones de los padres a causa de la tecnología, también lo hacían los problemas de comportamiento de los niños, como los lloros, los enfurruñamientos o las pataletas.
 
"Incluso las cantidades bajas o normales de interferencia tecnológica estaban asociadas con mayores problemas de comportamiento en los niños", concluyen los científicos del estudio.

martes, 25 de abril de 2017

Los videojuegos mejoran las habilidades cognitivas y emocionales

Según estudios científicos, los videojuegos tienen efectos beneficiosos para el cerebro.
Para algunos padres y maestros, los videojuegos son una pérdida de tiempo que distraen a los más jóvenes de actividades más significativas, como estudiar o leer. Sin embargo, se ha comprobado a través de varias investigaciones científicas que jugar videojuegos es, además de una buena actividad recreativa, una perfecta forma de incrementar el volumen cerebral, mejorar las habilidades cognitivas y el control de las emociones.
 
 
A pesar de que los videojuegos han sufrido una importante evolución en las últimas décadas, la concepción sobre ellos no ha evolucionado como se esperaría. Se dice a nivel popular que generan trastornos sociales, alimenta la violencia y son adictivos. Sin embargo, la ciencia ahora demuestra lo contrario, y a través de diferentes investigaciones ha comprobado los beneficios de este tipo de juego a tal grado que algunos expertos aseguran deberían utilizarse con mayor frecuencia en la educación.
La New York University Shanghai y The University of Hong Kong han demostrado a través de una investigación que jugar cinco horas de videojuegos por semana ayuda a mejorar las capacidades visomotoras y la memoria. Esto es debido a la coordinación que debe realizarse ante las pantallas, habilidades que luego pueden aplicarse en la vida real, como por ejemplo, al conducir.
El experimento fue realizado con adultos que no habituaban jugar y tras algunas partidas controladas, pudo demostrarse que sus habilidades motoras de coordinación y su visión mejoraron considerablemente. Se detectó además, una mejora en la retención de conceptos, debido a las conexiones cerebrales que se producen mientras se practica esta actividad.
 
 
Por otro lado, el Instituto Max Planck realizó un experimento con videojuegos donde se encontró un importante incremento de la materia gris en el hipocampo y la corteza prefrontal en aquellas personas que suelen jugar con juegos de video de estrategia. Considerando las funciones que se realizan con estas partes del cerebro, se concluyó que este tipo de actividad recreativa ayuda a mejorar las funciones cognitivas.
En cuanto al manejo de las emociones, el British Medical Journal realizó también un estudio sobre los videojuegos para comprobar qué efectos tienen en el comportamiento de los niños. Existe un gran debate sobre las emociones que despiertan los videojuegos, sobre todo aquellos que resultan violentos y pueden desatar conductas patológicas. La investigación de dicho centro se realizó durante 10 años, en el que se hizo un seguimiento de once mil niños que jugaban juegos de video y se concluyó que no hay una relación directa entre la exposición a los videojuegos y los problemas emocionales o de comportamiento.

martes, 11 de abril de 2017

Los niños que aprenden filosofía son mejores en matemáticas e inglés

 
El STEM está pegando fuerte (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), y las asignaturas de letras puras están convirtiéndose en montañas de datos para ganar una partida al Trivial Pursuit y poco más. Sin embargo, a la luz de un nuevo estudio, esto no parece ser del todo cierto.

Por ejemplo, los niños que reciben clases de filosofía resultan luego más competentes en asignaturas como las matemáticas.
 
La asignatura que te enseña a pensar

Según este
nuevo estudio, niños de 9 y 10 años de Inglaterra que participaron en una clase de filosofía una vez a la semana durante el transcurso de un año, aumentaron considerablemente sus habilidades en matemáticas y alfabetización.

Más de 3.000 niños en 48 escuelas de toda Inglaterra participaron en discusiones semanales sobre conceptos tales como la verdad, la justicia, la amistad y el conocimiento. Y, concretamente, las habilidades de lectura aumentaron en cuatro meses, las matemáticas en tres meses y la escritura en dos meses.

La Education Endowment Foundation (EEF), que ha dirigido el estudio, ha usado un ensayo controlado aleatorio, similar a la forma en que se prueban muchos fármacos. 22 escuelas actuaron como un grupo de control, mientras que los estudiantes en los otras 26 tomaron la clase de filosofía.

Los efectos beneficiosos de la filosofía duraron dos años, y el grupo de intervención siguió superando al grupo de control mucho después de que las clases terminaran. 
Otras pruebas del beneficio de la filosofía

No es la primera vez que se intenta algo así. El programa que usó el EEF, llamado P4C (filosofía para niños), fue diseñado por el profesor Matthew Lippman en Nueva Jersey en los años 70 para enseñar habilidades de pensamiento a través del diálogo filosófico.

En 1992, la S
ociedad para el Avance de la Investigación Filosófica y la Reflexión en la Educación (SAPERE) se estableció en el Reino Unido para emular ese trabajo. P4C ha sido adoptado por escuelas de 60 países.

También cabe advertir que el programa de SAPERE no se centra en la lectura de los textos de Platón y Kant, sino más bien en historias, poemas o fragmentos de películas que impulsan discusiones sobre temas filosóficos. El objetivo es ayudar a los niños a razonar, formular y hacer preguntas, entablar conversaciones constructivas y desarrollar argumentos.