La educación está desconectada del mundo real y su mayor problema es la
falta de calidad del profesorado. Éstas son las principales conclusiones de una
encuesta que hoy se da a conocer en la Cumbre Mundial de Educación (WISE, en sus siglas en
inglés) que se inaugura en Doha (Qatar).
La mayoría de los 1.550 profesores, estudiantes, políticos
y empresarios de 149 países que el pasado agosto respondieron a las preguntas
que preparó la empresa Gallup se muestra abrumadoramente «insatisfecha»
con sus distintos sistemas educativos. Y cree que la cosa va a peor, según el
estudio al que ha tenido acceso EL MUNDO. El plan de choque que proponen
consiste, entre otras cosas, en «fortalecer la profesión de la enseñanza»
y «reforzar la colaboración entre las universidades y empresas».
Precisamente estos dos asuntos están de plena actualidad en España, un país
donde la mitad de los jóvenes está en paro y en donde ninguna de las siete
leyes educativas que ha habido en democracia ha regulado el principal
pilar del sistema educativo: los profesores.
El Gobierno ha reaccionado en vísperas electorales y ha fichado al filósofo José Antonio Marina para elaborar el tan reclamado libro
blanco sobre la profesión docente. El pedagogo y ensayista precisamente acaba
de publicar otro libro, Despertad al diplodocus. Una conspiración
educativa para transformar la escuela... y todo lo demás (Ariel), en el
que da muchas pistas de por dónde irá en su cometido gubernamental.
El diagnóstico que él hace es que en España nuestros profesores están desprestigiados,
viven aislados y han perdido la pasión por su
trabajo, mientras fallan la selección y la formación
y falta liderazgo en los directores. Éstos son los cinco
grandes problemas de la educación española, según Marina (y según buena parte
de la comunidad educativa):
1º. Selección
En Singapur, Corea del Sur o Finlandia -los sistemas educativos de más
éxito-, el 100% del profesorado se recluta entre el tercio superior de los
estudiantes; es decir, entre los más brillantes. En España
ocurre como en EEUU: deciden ser profesores los alumnos más ramplones,
a falta de otra ocupación mejor. «El sistema no selecciona a los mejores». La
solución que propone Marina es crear un nuevo modelo de acceso similar al MIR
sanitario. Esta propuesta la apoyan casi todos los partidos políticos
y Cataluña ya ha dicho que va a ponerla en marcha por su cuenta.
Francisco López Rupérez, presidente del Consejo Escolar del Estado, es un firme defensor del MIR
educativo y lo ha estudiado a fondo. Explica a este diario que «las profesiones
más robustas y los países con mejores resultados educativos primero seleccionan
y luego forman a los candidatos previamente seleccionados». «Ello evita que los
jóvenes efectúen una elección masiva del grado de maestro, por ejemplo, que, en
el caso español, llega a triplicar las necesidades del sistema;
aumenta la eficiencia del gasto público; eleva la calidad
de la formación, y contribuye a hacer de la docencia una opción
profesional prestigiosa y, por ende, más atractiva».
2º. Formación
Por un lado, «los planes de estudios para los aspirantes a maestros y
profesores requieren de una actualización». El entrecomillado es de Nicolás
Fernández Guisado, presidente del sindicato de profesores Anpe, pero Marina y
muchos otros lo comparten. Por otro lado, los profesores españoles no practican
el deporte de la formación continua (según el Informe Talis, el 97% considera
que ya está suficientemente formado para su profesión). Hay que mejorar la
formación de los docentes.
3º. Incentivos
La sociedad no prestigia la labor del docente (siete de cada 10 expertos
sondeados por WISE cree que al maestro no se le trata con suficiente
respeto y dignidad). Esto les lleva a perder la pasión por su oficio y
a estar desmotivados. «El sistema no recompensa a los que
mejor lo hacen. Si tú te esfuerzas más que los demás, no obtienes
ninguna recompensa a cambio», admite Fernández Guisado. ¿Soluciones?
Incentivar económicamente a los profesores y ofrecer más posibilidades de
prosperar en su carrera. Los sindicatos de profesores, sin embargo, no ven con
buenos ojos que parte del sueldo de los maestros dependa de los resultados
del centro.
4º. Aislamiento
Hay «secretismo en el aula», según Marina: «Son muy pocos
los docentes que entran en otras aulas para ver cómo sus compañeros están dando
la clase». En su opinión, viven «en una burbuja» y no cuentan con el resto de
la tribu educativa. Como tratamiento propone crear más comunidades de
aprendizaje y redes educadoras donde se compartan
experiencias de éxito.
El otro gran problema es «la desconfianza» con la que los
docentes miran el mundo empresarial. Francisco Michavila,
director de la Cátedra
Unesco de Gestión y Política Universitaria, constata que «la vinculación de
la universidad con el mercado laboral es insuficiente». La encuesta de WISE
concluye «que el fracaso educativo para mantener el ritmo con
respecto a los puestos de trabajo cambiantes es un problema global».
El 66% de los expertos educativos españoles cree que las
universidades no preparan adecuadamente para el mercado de trabajo y
el 84% dice que echa en falta «una educación basada en proyectos»
que permita a los estudiantes de Primaria y Secundaria «aplicar lo aprendido al
mundo real». «Lo que necesitamos es aprender a innovar»,
plantea Marina. Faltan prácticas, tutorías, formación y planes
más dinámicos en las universidades, añaden los expertos de
WISE.
5º. Liderazgo
Los directores de los centros educativos son clave, pero sólo el 40%
ha recibido formación para ejercer su puesto. «En España, nadie le da
importancia a los equipos directivos», dice Marina, que añade que «casi siempre
consiguen tener éxito seleccionando y manteniendo a los buenos profesores, cosa
que sólo pueden hacer los colegios privados y concertados, dado el
carácter funcionarial del profesorado de la escuela pública».
«Reino Unido, Finlandia o Suecia consideran prioritaria la formación de los
directores, que está potenciada y alentada por la Administración y la
Inspección. Los directores suecos, una vez seleccionados, mantienen durante
tres años un programa de capacitación. Se les exige currículo,
experiencia y proyectos puestos en marcha, evaluación de sus anteriores
directores y entrevista personal», explican Lourdes Bazarra
y Olga Casanova, formadoras de equipos directivos y autoras de
Directivos de escuelas inteligentes (SM). «Estamos consiguiendo la
transformación del aula, pero hay que conseguir la transformación de la escuela
y ese cambio es imposible sin el liderazgo de los directores».




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